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Cuando la pintura inmortaliza el amor parte 2

Estamos de vuelta con nuestra inmersión al corazón de los mejores artistas, aquellos que han dado vida a cuadros memorables donde el amor quedará plasmado eternamente.

Te compartimos otros de nuestros favoritos para que te siga inspirando el amor. 

Claude Monet y Camille Doncieux 

Claude Monet fue un pintor francés, padre del impresionismo. En 1865, conoció a la mujer que inspiró sus más bellas obras, Camille Doncieux. Rápidamente se convirtió en su musa y el cuadro Mujer con vestido verde expresa claramente sus sentimientos por esta joven de 18 años. Ya comprometida con otro hombre, la dulce Camille lo dejó todo para convertirse en la esposa de Claude Monet, madre de sus dos hijos y su modelo favorita.

Su vida se asemeja a un cuento de hadas bohemio, lleno de romanticismo, libertad y exaltación artística. Cautivado por su belleza y asertiva espontaneidad, no dejó de representarla en sus cuadros, donde tuvo un lugar central. La ardiente pasión naufragó cuando a Camille le diagnosticaron cáncer en el útero. Queriendo capturar cada instante de la vida que le restaba, Monet la pintó frenéticamente, llegando incluso a pintar su último aliento en su lecho de muerte. 

Cada pincelada hizo que su amor fuera divino y perpetuo. Camille siguió siendo su musa incluso después de casarse con su nueva esposa.

*Mujer con vestido verde (1866), Claude Monet

Gustave Klimt y Emilie Flöge 

Gustave Klimt fue un pintor simbolista vienés. Era un gran seductor y se enamoró de la diseñadora de modas Emilie Flöge, cuya hermana estaba casada con su hermano.

Prefiriendo mantener su amor en secreto, Klimt sucumbió en sus pinturas donde convirtió a Emilie en su amante apasionada y divina. Representada en numerosos cuadros, fue considerada por el pintor como "su eterna musa". Le cautivaba todo de ella.

El beso (1907-1908) es un cuadro icónico del maestro, en el que Emilie es la modelo y es un verdadero himno al amor. Contemplamos la fusión de dos cuerpos abrazados bajo una lluvia dorada. Inundados de amor, los amantes parecen estar solos en el mundo, acunados por la ternura y la pasión.

Al final, esta obra resume quizás la naturaleza de la relación de Gustave Klimt con Emilie Flöge, dos almas ebrias de deseo que prefirieron la eternidad a un presente frustrado.

 

 El beso (1907-1908), Gustave Klimt

Frida Kahlo y Diego Rivera 

Frida Kahlo es la pintora mexicana por excelencia. En 1927, se acercó a su alter ego Diego Rivera al pie de un andamio. Él era pintor, juntos compartían el amor por México y sus colores. Ella lo veía como un mentor y él estaba impresionado por su fuerza y talento. En realidad, Frida, aquejada de poliomielitis, tenía una discapacidad por las secuelas de un accidente, aún así, ella pintó desde su cama para exorcizar sus sufrimientos.

Diego se enamoró rápidamente de su energía. De ella y de sus cuadros decía: "Transmiten una sensualidad vital enriquecida por una facultad de observación despiadada, aunque sensible. Para mí, era obvio que esta chica era una verdadera artista”.

 Se casaron en 1929, pero su historia se vio empañada por las infidelidades de Diego y las aventuras de Frida en respuesta a sus numerosas traiciones. A pesar de ello, la pareja se dedicó un amor raro y verdadero. Tras divorciarse, se volvieron a casar en 1940 y Diego le juró fidelidad. Él permaneció a su lado, como en el cuadro Frida y Diego Rivera (1931), y siguió siendo su roca, su hombro, su amado, acompañándola hasta su último viaje.

  *Frida y Diego Rivera (1931), Frida Kahlo

Gustave Courbet y Virginie Binet

Gustave Courbet fue un pintor y escultor francés, líder del movimiento realista. En 1840, a la edad de 22 años, conoció a Virginie Binet, 11 años mayor que él. Enamorada, lo siguió a París y se convirtió en su modelo en numerosas creaciones y dibujos.

El cuadro, Los amantes felices (Les Amants heureux ou La Valse, 1844), muestra a Courbet enamorado y a Virginie completamente cautivada. Su amor, como un vals, los lleva al ritmo de la felicidad. Sin embargo, en busca de reconocimiento profesional, él empezó a alejarse poco a poco de su pareja y de su hijo. Cansada del comportamiento de su amante, que se negaba a casarse tras más de diez años juntos, Virginie lo abandonó.

Aunque al inicio el artista parecía aceptar esta ruptura, en realidad estaba devastado. Expuso su sufrimiento en su autorretrato El hombre herido, que volvió a pintar tras su separación. Virginie, sobre la que él descansaba apaciblemente en la primera versión, queda borrada, simbolizando una ausencia cruel y destructiva. Al no poder conservar al amor de su vida, Courbet guardó este cuadro hasta su muerte en 1877. Un último homenaje a su musa fallecida.

*Los amantes felices o El Vals (1844) Gustave Courbet.

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